El desarrollo de aptitudes y actitudes emprendedoras

11.10.2011 | Sociedad | Etiquetas: , ,

Para Jorge Naya, Gerente General de Fundasol, muchas veces el uruguayo prefiere el trabajo dependiente y la seguridad de un sueldo a “tirarse al agua con una idea”. Considera que al ecosistema emprendedor uruguayo le falta mucho.

Fundada en 1979, Fundasol brinda apoyo a micros y pequeñas empresas, intentando promover el espíritu emprendedor. La organización trabaja con unidades económicas que emplean hasta a 19 personas y que facturan hasta 10 millones de Unidades Indexadas por año.

El gerente general de Fundasol, el economista Jorge Naya, reivindicó el elemento formativo de la asociación.

Fundasol ha trabajado en Uruguay y también en otros países latinoamericanos, buscando “la creación de empresas que permitan ingresos dignos, democratizar el poder económico e insertar a los jóvenes provechosamente en la sociedad”, subrayó Naya.

El ejecutivo sostuvo que, cuando se habla de emprendedurismo, hay dos temas básicos que se abordan en Fundasol: cómo se trabaja el desarrollo de aptitudes y actitudes.

Según el economista, hay gente que nunca va a seguir el camino emprendedor simplemente porque se siente segura con su sueldo y no está dispuesta a asumir los riesgos. El gerente general de Fundasol considera que a los uruguayos les cuesta particularmente este último aspecto.

Desde esta organización, trabajar en emprendedurismo significa dos cosas. Por un lado, generar el conocimiento, trabajar el área de las aptitudes. Por otro, ayudar a que las personas puedan decidir si tienen la actitud emprendedora o si lo mejor que pueden hacer es capacitarse para buscar un trabajo asalariado.

Proceso de trabajo
El proceso de apoyo a emprendedores brindado en Fundasol consta de tres etapas: capacitación, asesoramiento y microcrédito.

Según Naya, la última etapa no es lo más importante sino que sí lo es “encaminar la fuerza del emprendedor”.

Lo que se intenta es arrojar luz sobre dos aspectos claves: la viabilidad de lo que se quiere hacer y la conveniencia de hacerlo.

Los emprendedores que se acercan a Fundasol trabajan en grupos de 20 a 25 personas. Han desarrollado un modelo de curso cuyo primer paso es el análisis de la idea presentada. La idea de cada persona es discutida dentro del grupo, para que el emprendedor se pueda ceñir a ella, corregirla o aun descartarla. “Nos gusta la gente que defiende la idea con los dientes, porque probablemente salga adelante”, señaló Naya.

Después del curso, se aportan elementos de gestión y también hacen una asistencia técnica especializada a cada uno de los emprendedores para que formulen su plan de negocios. Luego de finalizada esta etapa, se realizan una serie de visitas para ver con qué problemas se han encontrado los emprendedores y se vuelve a juntar el grupo. “El hecho de juntarlos y que se cuenten qué problemas tuvieron y cómo los resolvieron los enriquece grupalmente y se refuerza el ´no puedo fracasar´”, manifestó Naya.

En sus primeros tiempos, Fundasol recibió mucha colaboración desde el extranjero. Ese apoyo fue menguando y en la década de los 90 la pregunta era si podía ser autosostenible: si podían mantener los principios sociales que defendían vendiendo los servicios que ofrecían. “Y lo hemos logrado”, afirmó Naya.

Hoy, quien puede paga por sus servicios, pero también Fundasol recurre a subsidios ofrecidos al emprendedor. En ocasiones cobran una parte al emprendedor y otra a programas oficiales. A veces el subsidio alcanza para cubrir el 100% del servicio.

Desde su aparición, Fundasol ha capacitado a 20.000 personas y ha superado los 100.000 créditos otorgados. El monto total que ha destinado a créditos asciende a US$ 120 millones.

En promedio, los créditos que da son de $ 30.000. Los créditos más pequeños son de $ 3.000 y los mayores llegan a $ 150.000. Los emprendedores pueden solicitar créditos más de una vez. Desde Fundasol buscan que el proceso de obtención de la ayuda monetaria sea lo menos engorroso posible. “Se trata de ayudar y no de complicarles la vida”, dijo Naya.

El equipo de Fundasol es bien multidisciplinario. Lo integran oficiales de crédito, capacitadores, abogados, economistas, contadores, sociólogos y psicólogos, entre otros.

La crisis como oportunidad
Luego de la crisis de 2002, en Fundasol dictaban un curso para emprendedores de forma mensual. Hoy lo hacen cada seis meses. “¿Quién hace un curso de técnicas de venta cuando está vendiendo bien?”, se preguntó Naya.

La última gran crisis económica que afectó a Uruguay se cobró una gran cantidad de víctimas dentro del mundo empresarial. “Siempre después de un desastre así, aunque se murieron una gran cantidad de empresas, fundamentalmente microempresas, es una oportunidad para generar un tejido más novedoso de compañías. Ya que se cayó lo que había no voy a repetir lo anterior sino que voy a hacer algo más moderno”, sentenció Naya.

El economista considera que al ecosistema emprendedor en Uruguay “le falta muchísimo”. En un contexto de crecimiento de la ocupación, los uruguayos aparecen como muy conservadores, prefiriendo el trabajo dependiente a “tirarse al agua con una idea”. Para Naya, hay países donde esto no es así y las personas son más proclives a jugársela en un emprendimiento.

Fuente: El Observador.